Arkuek en el Aralar, el anfiteatro mágico de Basajaun, capítulo 3

Enlace al Inventario Arkuek Aralar

Enlace Capítulo 1 Telesforo Aranzadi, el polifacético botánico de Bergara

Enlace Capitulo 2 Leizaola y Lizarralde & Millán, geografía e historia, etnografía y prospección

Capítulo 3 Aventuras de un donostiarra en Albacete y dos elegantes franceses

Una fecha clave en el tratamiento y conocimiento de la técnica de la piedra seca es mayo de 2001, se celebra en Albacete el Primer Congreso Nacional de Arquitectura Rural en Piedra Seca, en el que se presentan 48 ponencias imposibles de resumir en este pequeño capítulo. Nuestros esquivos y pusilánimes arkuek del Aralar serán mencionados en tierra manchega.

El único saber que a modo de simbiosis aglutina ciencia y arte es la Arquitectura, pero los arquitectos, sus gurús, estrellas mediáticas, asociaciones, colegios, congresos, universidad e investigación, por absurda e incomprensible «tradición» siempre han ignorado esta menuda disciplina de la Arquitectura Rural. Por ello, fue un gran acierto de los organizadores estrenar el congreso con la ponencia del arquitecto Carlos Blanc Portas, además la mayoría de las comunicaciones se centraron en construcciones con cierre superior en falsa cúpula, la tormenta perfecta, una imprescindible fotografía panorámica en 2001 del estado real del «universo» de la piedra seca en España.

Cogemos el tren de cercanías hasta la estación de Brinkola en Legazpi, el objetivo, el «arkue» de Arrobizabal, el topónimo describe bien el lugar, «la gran cantera». Cuando se observa su cúpula desde el interior, las piedras parece que vuelan, da la sensación de que hay algún artefacto escondido que no vemos que sujeta las piedras en el aire. Muchos que la visitan, ante el desconcierto frente a estas piedras voladoras la describen como cúpula verdadera, ¡no puede ser falsa la cúpula!, y lo es, por aproximación de hileras de piedras, de mampuestos.

Interior arkue Arrobizabal, en Brinkola, Legazpi, Gipuzkoa

Este fenómeno lo describe a la perfección Carlos Blanc Portas, «Al aplicar a las cúpulas rurales el calificativo de «falsa» parece que todo vuelve a respetar el orden de las cosas y que, por tanto, el agricultor de lo que se sirve es de alguna treta para construir algo que parece una cúpula pero que realmente no lo es, porque las cúpulas son algo demasiado sofisticado para que esté disperso por nuestros bancales» y explicado con graciosa ironía, concluye: «Los franceses y los ingleses, algo más respetuosos quizás con la cultura rural, no utilizan el adjetivo de «falsa» para calificar este tipo de cúpulas sino otro adjetivo más serio y preciso: «cúpula volada», cúpula en voladizo. Un apunte más de este arquitecto: «La arquitectura rural es homogénea en su técnica y polifuncional en su uso, y el incremento de las dimensiones de una chabola cupular se traduce en una ampliación del abanico de usos o aplicaciones».

Antes de continuar con las historias del congreso de Albacete, una breve explicación sobre un concepto que se expone en el Inventario de Arkuek del Aralar anexo e imprescindible para su correcta interpretación. Una chabola cupular se puede clasificar de muchas maneras: por la forma de la planta exterior o la interior, por sus usos o funciones, por el tipo de entrada, por la presencia o ausencia de diversos elementos, vanos, alacenas, chimeneas, bancos, por la forma de cubrir la puerta de entrada, etc. Cuando un grupo de chabolas cupulares es lo suficiente homogéneo resulta descriptivo y práctico clasificarlas por tamaño: arkuek pequeños, arkuek medianos y arkuek grandes, una clasificación sencilla, como la técnica empleada en su construcción. Tras establecer este tipo de clasificación para los arkuek, compruebo que Jose Luis Martin Galindo[1] propone entre otras, este mismo tipo de clasificación para las zahurdas extremeñas.

Arkue pequeño en Gaztelueta, Aralar

Un arkue pequeño es una construcción en la que una persona no cabe en su interior, o aun pudiendo entrar no resulta factible como refugio por su incomodidad y reducido tamaño. Un arkue mediano es una cupular en la que, en su interior, aunque una persona no pueda ponerse en pie, tiene el suficiente espacio y volumen para utilizarlo como refugio ocasional y su altura interior máxima no supera los 2.5 m. En un arkue grande la altura interior máxima supera los 3 m y además tiene ventanas. Ésta es una buena clasificación que sirve para exponer una casuística especial en el análisis de cualquier tipo de chabola cupular: «Siempre hay ejemplos que se prestan a confirmar cualquier tipo de teoría, aunque también resulta igualmente fácil encontrar un nuevo ejemplo que la contradiga»[2]. En las chabolas cupulares siempre que se establezca en abstracto algún tipo de regla o patrón, encontraremos ejemplos que no lo cumplan, en nuestro caso, uno de los grandes arkuek de Argaineta, no tiene ventanas, es la excepción que confirma la regla.

Veamos otro patrón curioso de las chabolas cupulares subrayado por varios autores. Pueden ser abundantes en una zona concreta, pero en otro valle cercano con el mismo tipo de población, economía o intereses sociales, no hay cupular alguna o son muy escasas. En Euskalerria sucede esto por ejemplo si comparamos los 65 arkuek del Aralar con los de la sierra de Aratz-Aitzgorri, un espacio pastoril similar y cercano a Aralar. En Urbia y alrededores sólo hay 3 chabolas cupulares y ninguna de ellas de gran tamaño. La explicación es tan sencilla como simple, las ventajas y usos que proporcionan las cupulares del Aralar en Aitzgorri se resuelve de otra forma, lugar en el que minería y cantería tienen mucho que contar.

Volvamos al Congreso de Albacete. El etnógrafo donostiarra e ingeniero industrial de profesión Antxón Aguirre Sorondo (Donostia 04/03/1946-30/01/2014) presenta una ponencia con el título: La Piedra Seca en Vasconia, que comienza con la siguiente frase: «Las construcciones en piedra seca, motivo del presente trabajo, no han sido hasta la fecha demasiado estudiadas en las comunidades de Navarra y Euskadi», frase que ennoblece a Sorondo, pero que planeará como densa niebla estática en toda su comunicación.

Es un trabajo que ofrece buena información sobre etnografía, pastoreo en Vasconia, descripciones de chabolas de pastor, curiosidades del euskera, leyendas, prehistoria, admiración por el trabajo de Barandiarán, pero con escasa atención a la miga, la arquitectura rural, más allá de un gran número de medidas y tamaños de diversas construcciones. En el último apartado de la ponencia con el título A MODO DE CONCLUSIÓN comienza Sorondo: «Como síntesis a todo lo aquí presentado, y ensayando una aproximación a una carta geográfica de la piedra seca en Vasconia, establecemos las siguientes conclusiones». Sin duda, estamos ante un eufemismo con el que se reconoce que en Vasconia no se ha hecho inventario alguno de los distintos grupos de chabolas cupulares que existen.

«Una carta geográfica de la piedra seca» dice Sorondo, y en piedra seca se puede construir un arkue, pero también un aljibe, una nevera o elurzulo, un corro de castañas, unas abejeras, un pozo, fuente, muro, redil, bancal, parada de caza, paridera, gallinero, molino, chimenea, calera, calvario, cruz, pilar, calzada, acequia, estanque, salina, horno, lagar, palomar, etc. y sin inventario alguno de construcciones en piedra seca resulta complicado cualquier aproximación incluso analítica.

Aljibe de Arganta, 2019/02/16 en la localidad navarra de Bargota, entre Los Arcos y Viana, cuna del legendario nigromante Johanes «el brujo» de finales del XV. Restaurado en noviembre de 1932 y utilizado también como chozo para refugio de labradores, pastores y peregrinos del Camino de Santiago

Con este vacío de conocimiento reconocido por el propio autor es natural que se caiga en el error, y si además afecta a los arkuek del Aralar, conviene corregirlo. Sorondo da por buena la interpretación de Aranzadi y Leizaola de que en Aralar estamos ante simples rediles de ovejas, pero en cambio y también en las conclusiones de la ponencia, ignorando las cupulares del Aralar, Agirre Sorondo con vehemencia llama la atención sobre las del monte Oiz en Bizkaia, «son caso aparte y excepcional en la vertiente Atlántica, supuestamente construidas por canteros, su primitivismo es grande, aunque no nos atrevemos a aventurar una datación».

Veamos y analicemos un cuadro comparativo de las chabolas cupulares de Oiz y las del Aralar, que también están en la vertiente atlántica.

En el análisis de esta comparativa se podría alegar que la Sierra del Aralar es bastante más grande en tamaño que el monte Oiz y que no son parajes equiparables, lo que es cierto en determinado sentido, pero no en el que nos ocupa. En Aralar las 8 grandes cúpulas se agrupan en 3 conjuntos, 3 cúpulas en Mugardi, 2 cúpulas en Argaineta y 3 cúpulas adosadas en Brinkatezulo. Si se unen con líneas estos 3 grupos forman un área triangular de 0.84 km2. Si unimos el área que ocupan las cupulares de Oiz nos da 1.57 km2. Es decir, en Aralar las chabolas cupulares grandes están más concentradas en un lugar concreto del territorio que en Oiz.

 Monte OizSierra Aralar
Nº total arkuek565
Altitud media arkuek sobre nivel del mar767 m1131 m
Nº de arkuek pequeños050
Nº de arkuek medianos57
Nº de cúpulas grandes08
Altura media interior arkuek mayores1.5 m3.42 m
Superficie media interior arkuek mayores 4 m212.83 m2
Superficie total interior arkuek mayores25 m276.97m2
Nº de vanos o ventanas013
Área de ocupación arkuek mayores1.57 km20.84 km2
Tabla comparativa Aralar / Oiz

No es que la comparativa sea o no sea lícita, sino que todos los parámetros del cuadro adjunto indican que de haber «caso aparte» como califica Agirre Sorondo, sería el de las cupulares del Aralar y no en Oiz. Es bueno recordar lo que decía nuestro arquitecto manchego: «El incremento de las dimensiones de una chabola cupular se traduce en una ampliación del abanico de usos o aplicaciones».

Chabola cupular en el monte Oiz

El estudio de la documentación del Congreso de Albacete me llevó a importantes conclusiones, había que hacer con urgencia un inventario exhaustivo de los arkuek, y éstos, si se examinan bajo el prisma de la arquitectura rural, resultan ser unas humildes chabolas de constructor anónimo y difícil datación. En alguna ponencia del congreso se relacionan sin tapujos con diversas culturas antiguas, aunque en otras se reconoce entre dientes, que «posiblemente los ejemplares más antiguos no sobrepasen los 300 años», como afirma el navarro Juan Cruz Labeaga Mendiola[3].

Es difícil entender que con tantos restos de chabolas a la vista no se pueda acotar la edad de los arkuek, aunque fuera con un error de 100 o 200 años. La respuesta la encontré en Francia, país con una cantidad inmensa de construcciones en piedra seca, muchas muy «chic» y otras tantas de semejante factura y conservación que las del Aralar.

Relata Christian Lassure[4], «La única literatura que pude encontrar presentaba estos edificios como pertenecientes a una antigüedad difícil de aceptar para el arqueólogo aficionado que era en ese momento. ¿Cómo es posible que esos restos situados sobre suelo y construidos en un material tan efímero como la piedra seca tengan la misma edad que las subestructuras galo-romanas que había excavado junto a las arenas de Toulouse en 1963-64? Esto, ofendía el sentido común, ya que aparte de tierra, de estos «gariotes» como se les llamaba entonces, su excavación sólo proporcionaba cerámica vidriosa del siglo XIX y algunos propietarios aún se hacían eco del recuerdo de un antepasado que las había construido» Son productos de arquitectura, arquitectura sin arquitecto o anónima, arquitectura rural, popular o vernácula y pertenecen a la arquitectura de tiempos modernos, del S XVII, sobre todo del XVIII y XIX y no tienen nada que ver con los restos de arquitecturas funerarias, militares o domésticas de la prehistoria o la antigüedad, afirma tajante Lassure.

En todas las excavaciones que hizo Christian Lassure no encontró material arqueológico alguno más allá del S XVII, aunque la mejor forma de entender las consecuencias de ese resultado sea aceptar la experiencia de auténticos alarifes o canteros constructores de este tipo de chabolas, como por ejemplo relata Joan Basegoda i Nonell[5]: «Un constructor de Aljibes, Antonio Muntadas que en 1975 tenía 75 años, contaba que, si se produce el fallo de una parte de la barraca, es necesario demolerla enteramente y reconstruirla desde los cimientos». Hay más testimonios de alarifes, canteros o agricultores en este mismo sentido

Esto quiere decir, que ante cualquier grieta que presente una cupular, hay que deshacerla por completo y construirla de nuevo desde la primera hilera de piedras. Son construcciones sin cimentación, que precisan mantenimiento constante. Unos pocos años sin los cuidados necesarios son suficientes para iniciar un deterioro progresivo que puede manifestarse y agravarse pocos años después. Tras un abandono por cualquier causa, no aguantarán otros 2 o 3 abandonos más sin antes colapsar. Las etapas de reocupación intercaladas en el tiempo, períodos en los que sí había mantenimiento, no son suficientes para conservar una estructura de este tipo en pie más de 300 o 400 años siendo generosos, en un entorno en el que en invierno el agua, la nieve, el hielo, el viento y la química de los materiales, la caliza, causan estragos en corto espacio de tiempo.

El punto más débil de estas grandes pero humildes construcciones es la zona superior de la cúpula, con sólo unos 40 o 50 cm de espesor, no son construcciones compactas como las pirámides, son chabolas huecas construidas para durar en el tiempo, y en cuanto a su uso, no tienen absolutamente nada que ver con los dólmenes, construidos para perdurar y detener el tiempo a sus ocupantes.

Ninguno de los arkuek que hoy vemos puede tener mas de 300 o 400 años, pero quizás algunas de las piedras de los arkuek fueron parte de alguna construcción similar de los alrededores, de la que hoy día no queda rastro alguno, ¿o quizás esas piedras fueron reutilizadas de algún dolmen? En el siguiente capítulo y siguiendo el orden cronológico de la literatura de los arkuek y de la mano de un Bizkaino experto en cerámica vasca, nos vamos de excursión a las Malloak del Aralar.


[1] A Singulariai dos Chafurdóns do Val de Xálima. Institución Cultural El Brocense. Diputación de Cáceres. Septiembre- diciembre 1993

[2] Evolución histórica de las construcciones de habitación temporal M. Pía Timón Tiemblo Albacete, mayo 2001

[3] Juan Cruz Labeaga Mendiola, Cuadernos de etnología y etnografía de Navarra, Nº 33, 1979 págs. 515-536

[4] Cabanes en pierre sèche de France, Christian Lassure & Dominique Repérant, Édisud, Aix-en-Provence 2004

[5] Las barracas de viña en Cataluña, por Joan Basegoda i Nonell. Conservador de la Cátedra Gaudí. Barcelona, Casa Provincial de Caridad, Impr. – Escuela, 1976

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