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El vacío paleolítico del Oria, una de las mayores incógnitas del Paleolítico vasco

El vacío paleolítico del Oria, una de las mayores incógnitas del Paleolítico vasco

Artículo de hace unos tres años recopilado de nuestra web antigua amarozkomendielkartea.com

Joseba Rios-Garaizar CENIEH (Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana)

Existe una zona en Euskal Herria en la que hay un vacío en el hábitat paleolítico, y esta zona es el valle del Oria. Las únicas excepciones son el yacimiento de San Adrián, situado en la cabecera de la cuenca, donde recientemente se han identificado ocupaciones del final del Paleolítico Superior (Magdaleniense) (Tapia et al. 2016); Usategi y Pikandita, ambos en Ataun, y ambos dos con evidencias muy escasas, una punta de asta de tipo Isturitz (Rios-Garaizar y Garate, 2014) acompañada de escasas piezas líticas en el primero (Gravetiense), y un arpón aziliense en el segundo (Barandiaran 1977). 

Punta de Isturitz del yacimiento de Usategi (Ataun). (Rios-Garaizar y Garate, 2014)

Altxerri, el yacimiento más importante de la cuenca se encuentra cerca de la desembocadura, en Aia, y contiene dos conjuntos rupestres, uno magdaleniense y otro auriñaciense, de gran relevancia (Ruiz Redondo 2014, González Sainz 2013).

Grabado de un zorro del Magdaleniense de Altxerri.

A parte de estos yacimientos arqueológicos hay otros paleontológicos como el famoso yacimiento de Troskaeta (Torres Pérez Hidalgo, 1991), muy rico en restos de Ursus spelaeus, o Allekoaitze (Altuna y Mariezkurrena, 2013) donde se recuperó un cráneo de Panthera pardus, datado en unos 37.000 años.

Cráneo de Allekoaitze (imágen obtenida de http://aragosaurus.blogspot.com.es/2012/04/un-excepciona-craneo-de-panthera-del.html

 

Hay otras posibles evidencias de ocupaciones paleolíticas que no han sido bien estudiadas aún, como el yacimiento al aire libre de San Esteban de Tolosa (Agirre e Ibañez, 1998), descubierto en el transcurso de una intervención de arqueología histórica, o el yacimiento de Giltzarriturri en Aia (Altuna et al., 1995), descubierto por el Grupo Antxieta en 1980, en el que se recuperaron varios restos líticos en una pequeña cata.

 

Este vacío es incomprensible por muchos motivos.

 

El primero, porque en este valle se da un importante desarrollo kárstico, tanto en su cabecera como en la desembocadura, lo que favorece la existencia de cuevas y abrigos en los que, en otras comarcas, es frecuente encontrar yacimientos paleolíticos. Sin embargo la presencia de cuevas no es garantía de presencia de yacimientos arqueológicos paleolíticos. Para ser conscientes de esto sólo hay que ver la escasez de evidencias del territorio alavés. No obstante en el caso de la cuenca del Oria resulta especialmente extraño, porque en las cuencas paralelas (Urumea, Urola), se han localizado evidencias más que significativas, por ejemplo en Aitzbitarte, Ekain o Amalda.

 

El segundo motivo es que el valle del Oria debió ser una ruta de tránsito frecuente durante el Paleolítico. Desde la cabecera del Oria, atravesando Otzaurte (ca. 652 masl) se accede al valle del río Arbileta, afluente del Arakil, y desde ahí a la Burunda que une Navarra con la Llanada Alavesa. Justo en este punto nos encontraríamos con el yacimiento de Koskobilo (Olazti), en el que se han documentado ocupaciones desde el Pleistoceno medio. Otro paso posible es el del túnel de San Adrían, al que se accede desde Zegama, y que ha ofrecido evidencias de ocupación del final del Paleolítico. Además sabemos a ciencia cierta que esta vía de comunicación debió ser usada con cierta regularidad. En los yacimientos del Urola y en Aitzbitarte, la presencia de sílex de Urbasa es frecuente. Recientemente se ha planteado que la ruta principal de tránsito desde Francia hasta la llanada Alavesa correría paralela a la costa y accedería a la Llanada a través del Alto Deba. Esta idea se fundamenta en la presencia de abundantes yacimientos paleolíticos en el Bajo Deba, y la presencia de alguno en la parte alta del valle. Nosotros creemos que hay información más que suficiente para plantear otras vías de acceso más directas, siendo una de ellas la que ascendería por el Oria hasta la Burunda.

 

Si esto es así, ¿porqué no hay más evidencias paleolíticas en el Oria?

 

Resulta complicado abordar esta respuesta, aunque la experiencia en otros ámbitos nos puede dar algunas pistas. Hasta el año 2011, apenas se conocían ocho cuevas con arte rupestre en Hegoalde, el los últimos años gracias a los nuevos descubrimientos hay ya por lo menos 20. Antes del descubrimiento de Askondo, que supuso el arranque de esta exitosa fase de descubrimientos, se ofrecían distintas explicaciones para el “vacío vasco”, entre ellas razones culturales, una menor densidad de población paleolítica, etc. Resulta que ninguna de estas razones estaba justificada y que este vacío sólo era aparente y se debía a la falta de prospecciones sistemáticas. Algo parecido ha pasado con el hábitat paleolítico al aire libre. La ausencia de yacimientos en el margen cantábrico se explicaba por el rigor del clima, la preferencia de las cuevas como lugar de habitación, etc. Sin embargo, en los últimos años se han hecho numerosos descubrimientos (Ametzagaina, Irikaitz o Aranbaltza, por poner tres ejemplos) que sugieren un hábitat al aire libre mucho más intenso. En este caso también la falta de prospecciones y de excavaciones explicaba en parte la ausencia de hábitat al aire libre.

 

Y ¿si estuviese pasando lo mismo en el Oria?

 

Es posible, aunque la prospección arqueológica y espeleológica ha sido relativamente intensa. Gracias a ello se han localizado un gran número de yacimientos paleontológicos y arqueológicos, siendo especialmente destacables las cuevas sepulcrales de la Prehistoria reciente. Buena parte de estos yacimientos sólo ha sido investigada de manera muy superficial, con algunas excepciones como Marizulo. Esto puede estar explicando en parte este vacío. Un buen ejemplo sería el yacimiento de San Adrián, donde de forma inesperada, bajo metros de ocupaciones medievales y de la Prehistoria reciente han aparecido las evidencias paleolíticas, ¡en un yacimiento de altura! Es inconcebible, por ejemplo, que en el entorno de Altxerri  no exista un hábitat magdaleniense de entidad, como sucede en torno a otros grandes santuarios rupestres contemporáneos, como Ekain o Atxurra. En conclusión, probablemente sea necesaria una investigación más a fondo de los macizos karsticos de la cuenca del Oria para poder evaluar la ocupación paleolítica de esta cuenca.

 

Referencias:

 

Agirre, J., Ibañez, A., 1998. San Esteban de Laskoain. Área Urbana R-23 (Tolosa). Arkeoikuska: Investigación arqueológica 1997, 343–345.

 

Altuna Etxabe, J., Mariezkurrena Gastearena, K., 2013. Cráneos de pantera en Allekoaitze (Ataun) y Aintzulo (Errezil) (Gipuzkoa). Kobie (Paleoantropología) 32, 29–38.

 

Altuna, J., Armendariz, Á., Etxeberria, F., Mariezkurrena, K., Peñalver, X., Zumalabe, F.J., 1995. Carta arqueológica de Gipuzkoa II. Cuevas., Munibe Suplemento. Sociedad de Ciencias Aranzadi, San Sebastián.

 

Barandiarán Ayerbe, J.M., 1977. Excavaciones en Jentilbaratza y Kobalde (Ataun) (Campaña de 1971). Munibe 29, 195–212.

 

González-Sainz, C., Ruiz-Redondo, A., Garate-Maidagan, D., Iriarte-Avilés, E., 2013. Not only Chauvet: Dating Aurignacian rock art in Altxerri B Cave (northern Spain). Journal of Human Evolution 65, 457–464. http://dx.doi.org/10.1016/j.jhevol.2013.08.001

 

Rios-Garaizar, J., Garate-Maidagan, D., 2014. Actualisation de l’inventaire des pointes de type Isturitz de la région cantabrique. Paléo 25, 233–245.

 

Ruiz-Redondo, A., 2014. Entre el Cantábrico y los Pirineos: El conjunto de Altxerri en el contexto de la actividad gráfica magdaleniense. Nadir Ediciones, Santander.

 

Tapia, J, Cubas Morera, M, Ceberio, M, Moraza, A, Agirre-Mauleón, J, Alonso, E, Álvarez-Fernández, E, Areso, P, Armendariz, A, Castanos, P, Castaños, J, Etxeberria, F, Garmendia, J, Herrasti, L, Iriarte, MJ, Pérez, D, Uriz, A & Zapata, L 2016, ‘San Adrian: un nuevo yacimiento de la Edad del Bronce en el Norte de la Peninsula Iberica’ Munibe (Antropologia-Arkeologia), 67, 363-375.

 

Torres Pérez-Hidalgo, T., 1991. La población de oso de las cavernas (Ursus spelaeus parvilatipedis n.ssp.) de Troskaeta’ko-Kobea (Ataun – Gipuzkoa)(Campañas de excavación de 1987 y 1988). Munibe (Antropologia-Arkeologia) 43, 3–85.

 

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