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Este pequeño escrito quisiera ser un homenaje, chiquito, quizás insignificante, pero de corazón, a todos esos abuelos y abuelas, a nuestros mayores, que en estos momentos lo están pasando especialmente mal. A aquellos que durante siglos fueron los pilares de nuestra vieja cultura de las montañas, guardianes de las ancestrales sabidurías de la comunidad, pilar de lo que fuimos, somos y seremos. Algo que hoy, en ocasiones, parece que hemos olvidados en esta sociedad de la prisa, de las telecomunicaciones, del olvido. Vaya por ellos.

El abuelo, se levantó pausadamente de la gastada silla de mimbre, sin prisa avivó el fuego, y le añadió otro de los troncos de encina que reposaban junto a la chimenea.
El fuego se avivó al instante, como obedeciendo viejas premisas, de obediencia al anciano, y las llamas llenaron de calor y de luz la cocina de la casa. Toda la familia, sentada alrededor de la chimenea, se sumergió en esa hipnótica belleza, que de alguna, extraña e inexplicable, forma esconde el fuego. Como llevados por un hechizo antiguo, no podían dejar de mirar las llamas, que los atrapaban en su atávica y misteriosa belleza, con una fuerza irresistible. El abuelo volvió a sentarse en su gastada silla y retomó el cuento que les estaba narrando al dulce calor de la hoguera, todos salieron de su ensimismamiento en forma de fuego, para zambullirse en otro en forma de vieja historia contada por el abuelo.

– “Como os iba diciendo, el tal Juanis, o Iones, que así también se le conocía, era el cura del pueblo de Bargota, que está en Navarra, y tenía en su poder unos genios conocidos como familiares o Enemiguillos. Los mantenía metidos en un alfiletero que guardaba en el hueco de una peña. Un día le encargó a un chico que fuera a buscar el alfiletero, señalando con el dedo su ubicación. El muchacho lo trajo, y Juanis lo abrió saliendo los genios rápidamente, preguntando constantemente ¿qué quies c´haga?. Juanis les dijo que juntaran en un montón todas las piedras de los alrededores. Así lo hicieron, y Juanis, hizo con ellas su casa en una sola noche, casa que aún hoy podemos ver en Bargota, a la que según la tradición le falta una piedra que nadie es capaz de colocar.”

El fuego, los Familiares, los Enemiguillos, Mari del Tejado, Aker, pertenecen a un grupo de seres míticos conocidos como númenes domésticos. Y es que, la casa, el hogar, siempre ha tenido una relación especial con el mundo tradicional vasco. La casa era el centro de la vida, en ella se nacía, vivía y moría. Son varios los genios que se vinculan a ella, así como a sus aledaños, algunos de ellos suelen ser genios serviciales que ayudan al humano hasta la exasperación.
Estos genios suelen adquirir diferentes formas y capacidades, veamos algunos de ellos:

. Sua, el fuego: El fuego es tenido como algo totalmente útil e incluso necesario, pero también como algo que puede causar enormes perjuicios. El fuego del hogar, ha sido tenido por un numen del hogar, como un símbolo que representa la casa e incluso como una ofrenda a los antepasados. A él se le piden determinados favores como es la segunda dentición de los niños, la purificación de determinados objetos como pan o agua, o la incorporación tanto de animales como de personas de fuera a la casa. Era tradición que cuando alguien pensaba en introducir a alguna persona foránea a la casa, bien por una boda, o por servidumbre, debía traerlo al hogar y hacerle dar unas vueltas alrededor del fuego del mismo. Era tradición introducir un trozo de piedra o tizón encendido en el café, el agua o la leche.
El fuego es visitado por los antepasados que habitaron en la casa durante la noche, al apilar el rescoldo del fuego antes de acostarse, se recita lo siguiente:
“ Nik sue biltzen, aingeruuk etxeen sartzen, etxeen etxekook beinkatzen” (Al apilar yo el fuego, van entrando los ángeles en casa, bendiciendo en casa a la familia).
Se realizan ofrendas a este numen como arrojar los dientes de la primera dentición del niño, mientras se dice: Andra Marie, otson ortz zaarra eta ekatzak berrie (Señora Mari toma el diente viejo y dame otro nuevo). También se arroja salvado de harina de trigo o maíz al cocer la leche, pensando que así se evita alguna enfermedad de la ubre del animal.


Al fuego se le enseña los alimentos que han caído al suelo antes de comerlos. Se utilizaba los carbones del hogar como amuletos contra el mal de ojo, al considerarlos benditos.
Sin olvidar los fuegos solsticiales, Los solsticios tanto de verano como de invierno, fueron cristianizados bajo la advocación de San Juan Bautista, y de la Navidad. Un elemento primordial en las tradiciones solsticiales es el fuego. Durante la Nochebuena, ardía un tronco especial en el hogar, elegido siguiendo un determinado ritual, el etxejaun elegía en el bosque un árbol concreto y acudía diariamente durante un plazo de tiempo a explicarle al árbol el porque debía ser derribado. Se bajaba al caserío con una yunta de bueyes, y ardía en estas fechas, la ceniza de este madero, era utilizada como preventivo. En Esquiroz y Elcano, por ejemplo, se colocaban tres troncos, el primero para Dios, el segundo para Nuestra Señora y el tercero para la familia. En Olaeta, se encendía un tronco de haya la última noche del año y se quemaba todo lo que queda del tronco anterior. Todo ello nos lleva a la antiquisimas creencias y rituales vinculados a los árboles.
Por San Juan, el fuego adquiere un papel fundamental, se encendían hogueras en las encrucijadas de los caminos, sobre las que se saltaba recitando una serie de oraciones. En zonas como Larrabetzua, se encendían gavillas de paja con las que se recorrían los campos en esta noche mágica. En Larraun, se conservan las hierbas de San Juan durante un año, hasta la siguiente fiesta de San Juan, en que las queman y usan las cenizas para curar los granos. El fuego del solsticio de verano quizás sea una exaltación del sol, que luce con todas sus fuerzas.

. Mari Talletuko, o Mari del tejado: genio que mora en el tejado de la casa, a la que se le ofrece, al igual que al fuego, la primera dentición de los niños. En lugares se arroja el diente al tejado mientras se dice: marije talletukok barrije ekarri deitela (La Mari del tejado me traiga el nuevo). También se conoce a este genio como Mari del Gallinero.

. Aker, el macho cabrío: Es considerado como un numen que protege a las reses estabuladas. Por ello ganaderías de cerdos, caballos, vacas,… procuran tener siempre un macho cabrío que debe ser negro.

. Ardi, la oveja: También es considerada como un genio protector

. Los Familiares: Importantísimos genios al servicio del hombre, que esconden una multitud de leyendas en nuestra mitología. Son conocidos con diferentes nombres, tratándose de genios con figura humana o de insecto, según versiones, que ayudan en las labores diarias a los humanos. Se guardan en un alfiletero, mango de una hoz o canuto, cuando se rompe, desaparecen. Para conseguir su ayuda, debemos dejar el alfiletero abierto durante la noche de San Juan en un zarzal. Una vez abierto salen de su habitáculo y comienzan a dar vueltas constantemente alrededor de la cabeza del humano, preguntándole incesantemente que quiere que haga. El hombre les da tareas que realizan rápidamente y vuelven a por más enloqueciendo al pobre humano, hasta que les encarga traer agua en un cedazo, labor imposible y desaparecen.

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