Los augurios del cuco

Cuco
el cuco

Los augurios del cuco: paremias, creencias, ritos

José Manuel Pedrosa / Universidad de Alcalá / Biblioteca virtual miguel de cervantes

El cuco y su canto han sido, sin duda, uno de los animales y uno de los signos más insistentemente asociados, en la tradición folclórica española y paneuropea, al equinoccial y complejo tránsito del invierno a la primavera. La aparición del canto del cuco en los bosques y campos, tan pronto se disipaban las nieves y los fríos del invierno, su persistencia entusiasta durante la primavera y solo durante la primavera (pues en cuanto llegaban los primeros calores veraniegos se quedaba mudo), y el tono inconfundible y bien templado de su cucú convertían a este ave, para el campesino de España y de buena parte de Europa, en una especie de pregonero alegre e inconfundible de la superación del mal tiempo y del renacer de la época más hermosa y fecunda de la naturaleza.

En fin, que el cuco es un ave de simbolismo denso, ambiguo, liminal, que hace acto de presencia en los intersticios del invierno (de la muerte) y de la primavera (de la resurrección de la vida) y que seguramente por ello es visto como un ser ambiguo y contradictorio.

 Es hora ya de señalar que innumerables refranes atestiguan la relación estrecha que el pueblo establece entre el canto del cuco, el final del invierno y los inicios de la primavera. BADARE, la gran Base de datos sobre refranes del calendario y meteorológicos en la Romania , recoge en estos momentos estas treinta y ocho entradas relativas al cuco, en lenguas y en dialectos diversos:

  • A três d’Abril o cuco há-de vir[,] e se não vier até oito, está preso ou morto (portugués).
  • A três de Abril, o cuco há-de vir (portugués).
  • Abril, tempo de cuco: de manhã molhado e à tarde enxuto (portugués).
  • Al cuco, San José le da el habla, y San Pedro se la quita (castellano).
  • Ao cuco san Xoán dálle a fala e san Pedro sácalla (gallego).
  • Ós comezos de abril o cuco ten que vir; e, se non volveu, ou prendérono ou morreu ( gallego).
  • Cando canta o cuco, tan pronto mollado como enxoitado (gallego).
  • Cando o cuco marcha, colle a manta (gallego).
  • Cuando canta el cuco, cuanto llueve en ocho días, se enjuga en uno (castellano).
  • Cuando canta el cuco, de día mojado y a la noche enjuto (castellano).
  • Cuando el cuco llega, entonces es primavera; si el cuco aún no llegó, es que la primavera no comenzó (castellano).
  • Dacã se cãlãtoresc cucoarele, apoi iarna nu va întârzia (rumano).
  • Dia de S. Bento[,] cada mato tem seu cuco dentro (portugués).
  • Dia de S. José, cada mato tem seu cuco ao pé (portugués).
  • El día cinco d’Abril el cuco tien que venir, y si no vien, novedá tien (asturiano).
  • Em tempo de cuco, pela manhã molhado e à noite enxuto (portugués).
  • En tiempo del cuco, a la mañana mojado y a la tarde enjuto (castellano).
  • Ente Marzo y Abril sal el cuco del cubil (asturiano).
  • Entre Março e Abril, o cuco há-de vir (portugués).
  • Entre Março e Abril, se o cuco não vier, está a fim do mundo para vir(portugués).
  • Entre Marzo e Abril sal o cuco do cubil[,] que co a neve non quer vir (gallego).
  • Entre marzo y abril, sale el cuco de su cubil; con la nieve no quiere venir (castellano).
  • Entre Marzo y Abril, tres avechuchos pasan el mar: el cuco, el rulo y el perpellegal (asturiano).
  • No abril di o cuco: «vivo»; e no maio: «revivo» (gallego).
  • No tempo do cuco á mañá me mollo e á tarde me enxugo (gallego).
  • No tempo do cuco, tanto está molhado como enxuto (portugués).
  • O cuco cantando, o vran acabando ( gallego).
  • Pelo S. Pedro, cuco quedo (portugués).
  • Pelo tempo do cuco, de manhã molhado e à tarde enxuto (portugués).
  • Polo san Xosé o cuco cedo déixase ver (gallego).
  • Por San Benito de Palermo, o el cuco viene de camino o se ha muerto (castellano).
  • Se non vichel-o cuco a mediados de Abril[,] ou morreu o cuco ou ven ao fin (gallego).
  • Se o cuco não vem entre Março e Abril, ou é morto ou está para vir (portugués).
  • Se o cuco não vem [/] Entre Março e Abril, [/] No principio ou no fim [/] Abril sói ser ruim (portugués).
  • Si marzo se va y el cuco no viene, ó se ha muerto el cuco ó del fin del mundo vuelve (castellano).
  • Si marzo se va y el cuco no viene, o se ha muerto el cuco o la fin viene (castellano).
  • Tempo de cuco, um pouco molhado, um pouco enxuto (portugués).

Según creencias bien arraigadas en muchos lugares, solo el advenimiento de los días ya avanzados de abril (pues los primeros días de ese mes se consideran todavía conflictivamente ligados al tiempo invernal) podrá apaciguar la turbia meteorología invernal, ya que, como es bien sabido, «abril empezado, invierno acabado». Cierto es que abril se caracteriza por la abundancia de lluvias, pero éstas tienen ya un cariz mucho más positivo que las invernales: «Abril llovedero llena el granero». Y, por si fuera poco, resulta que siempre «las mañanitas de abril son muy dulces de dormir. La fama de la que disfruta abril (una vez descontados sus días primeros) es, como vemos, incomparablemente mejor que la que adorna a marzo.

La insistencia con que la tradición popular asocia el canto del cuco al crítico período de transición que queda entre los meses de marzo y abril, es decir, a la frontera entre el invierno y el verano, no tiene parangón en lo que se refiere a otras aves, aunque no deja de documentarse algún refrán que va en esa línea, como el de «de marzo a la mitad, la golondrina viene y el tordo se va». El lagarto se considera también un indicativo muy sensible del cambio de mes y de estación: «en marzo asoma la cabeza el lagarto; y en abril acaba de salir», «en marzo, asoma la cabeza el lagarto; en abril, hasta el cuadril; y en mayo, hasta el rabo».

Pese a estas puntuales intrusiones de otros animales en los territorios simbólicos del calendario equinoccial, es el cuco, con grandísima diferencia, el ave al que muchos pueblos de Europa tienen convertido en augurio emblemático de la mudanza del invierno en primavera: «Cuando cantaba el pecu, ya estábamos fuera del invierno», afirmaba sin dudar un campesino burgalés.

Llama la atención el hecho de que muchos de los refranes alusivos a estos días de tortuoso cambio estacional se hagan eco de la posibilidad de que, si su canto tarda demasiados días en dejarse escuchar, haya muerto el cuco. En el clásico Vocabulario de refranes (1627) de Gonzalo Correas podían leerse ya estas dos paremias:

  • A cinco de abril el cuco debe venir; y si no viene a los siete o a los ocho, o él es preso o morto

Dícese también: «A los tres de abril».

  • A tres de abril el cuco ha de venir; y si a los ocho no es cierto, o él es preso o muerto.

La tradición folclórica moderna insiste, y mucho, en la posibilidad de que el cuco (él, que es signo absolutamente prescriptivo de la llegada de la primavera en el imaginario campesino) pueda no llegar y ser, por tanto, declarado muerto en los días inciertos que acabarán cuando queden definitivamente separadas las luces de abril de las oscuridades de marzo. Según hemos visto, y según apreciaremos en algunas de las fórmulas adicionales que en seguida conoceremos, algunos refranes señalan el día tres («a tres de abril el cuco ha de venir…»), alguno más el cinco («a cinco de abril el cuco debe venir…»), otros el siete («si el cuco no ha venido para el siete de abril…») como fechas límites en las cuales tendría que haber hecho ya acto de presencia el cuco, y con él la primavera; o como momento en que, si el cuco no ha asomado por ninguna parte, es preciso empezar a preocuparse por él. Algún refrán le da un plazo un poco más abierto: «se non vichel-o cuco a mediados de Abril…». Otro le consiente una prórroga considerable: («si el peculillo no canta pal veinticinco de abril…»). Y alguno más obra con auténtica manga ancha: «si el pecú no canta pal doce de mayo». Otras versiones, que no tenemos espacio para detallar ahora, apuntan hacia un abanico muy amplio de fechas alternativas.

El caso es que todos estos refranes establecen una llamativa relación de causalidad entre la posibilidad de que el cuco no haga acto de presencia en los días en que debe hacerlo y la eventualidad de su muerte, que, además, algunas fórmulas identifican con una catástrofe general, cósmica, apocalíptica: «es que se ha muerto o el fin del mundo va a venir», «… el peculillo se ha muerto, o el fin va a venir». No carece de alguna lógica esta cadena de razonamientos: si el cuco no aparece, la primavera se queda sin el indicador simbólico de su advenimiento; y sin advenimiento de la primavera, el calendario entero, el ciclo de las estaciones y el devenir de la vida quedan en completo suspenso:


Si el cuco no ha venido
para el siete de abril,
barrunta mal año
o se quiere morir.

Si el pecu no canta
antes del nueve de abril,
el pecu se ha muerto
o el año viene ruín.

Si el pecu no canta
para el veinticinco de abril,
es que se ha muerto
o el fin del mundo va a venir.

Si el pecú no canta
pal doce de mayo,
el pecú se ha muerto
y el año viene malo

Si el cuquiellu non vien antes de marzo y abril,
ye que’l cuquiellu morió el rey va morir.

Si entre mayo y abril non vengo,
cuntaime muerto o al rey sirviendo

Además, hay que hacer hincapié en que el cuco, que se asocia, en toda la amplísima geografía paneuropea cuyo medio ecológico le acoge, a un amplio abanico de símbolos (el fraude, el robo, el adulterio y algunos más que ni siquiera hemos podido mencionar aquí), se caracteriza también por ciertas contradicciones esenciales en los modos en que es representado: procede del invierno (es decir, de la muerte), aunque anuncia la primavera (la vida) al hacerse presente justo en el intersticio entre ambas estaciones. Intersticio que suele tener un estatus simbólico y cultural muy problemático y que contagia al cuco esa conflictividad semántica. Cuando el cuco tarda en llegar es dado por muerto y se extiende la creencia de que una catástrofe apocalíptica (la interrupción del ciclo de las estaciones, es decir, del ciclo de la vida) podría sobrevenir. Sin embargo, acaba llegando, más tarde o más temprano (el plazo que las paremias y creencias le otorgan es bastante flexible y le da mucho margen), y con él llega la resurrección de la naturaleza primaveral. Ahora bien: justo en esa conflictiva frontera equinocial la gente suele preguntarle de manera ritual por cuántos años quedan para su boda o por cuántos años quedan para su entierro, lo cual vuelve a insistir sobre su condición de augur y de nexo polisémicos, que se halla instalada en el difícil espacio de transición que hay entre la vida y la muerte.

Esa ambivalente relación del cuco con la muerte y con la vida del ser humano que solicita su sabiduría augural traslada al ámbito de la vida del hombre la tensión entre la muerte (invernal) y la vida (primaveral) que define todo el devenir estacional de la naturaleza. El cuco se nos revela, de este modo, como gozne de la relación no solo no solo de la vida con la muerte, sino también del ser humano con el calendario; como vertebrador esencial, en definitiva, del tiempo vital y del tiempo cultural en que han vivido muchísimos pueblos y muchísimas generaciones de personas.

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Iñaki Alonso Administrador / Espeleologia

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