Pagoa – Haya – Fagus sylvatica

Autor : Aitor Ventureira

Pocos bosques regalan tanta paz y armonía, como los hayedos, en ellos todo adquiere una dimensión distinta, de alguna misteriosa manera nos sentimos en casa. 

Los bosques brumosos de espigadas hayas buscando la luz del sol de Iratí, Aralar, o Gorbea, son el cobijo perfecto para hadas, duendes y seres mitológicos que han hecho de la profundidad del hayedo su hogar. De la mano de Basajaun, el mítico señor del bosque podemos dejar que nuestras gastadas botas vagabundeen por el magnetismo del hayedo, cuando las hojas recién nacidas de la primavera nos envuelven con sus verdes transparentes, casi irreales. O abrazar esas hayas trasmochadas, que crean formas surrealistas, guardianas de viejas costumbres e historias del bosque.

CONOZCAMOSLA UN POCO MÁS

Los hayedos son fuente de vida, amantes de la humedad de las brumas, buscan su abrazo en las caras de norte de las montañas, esta humedad crea manantiales y un fantástico humus, así como una gran cantidad de materia que protege el suelo de la erosión. 

Se trata de un árbol de la familia de las fagáceas, perteneciente a un pequeño genero de unas diez especies de grandes árboles monoicos, es decir, tiene ambos sexos en el mismo ejemplar. Las flores masculinas, se agrupan en inflorescencia en forma de cabezuelas, sujetas por un rabito o pedúnculo que cuelga hacia abajo. Las flores femeninas crecen en un pedúnculo erecto, solas o como máximo en grupo de tres.

Sus hojas, se distribuyen alternativamente sobre las ramas zigzagueantes, por lo que atrapan la luz, y generan una deliciosa sombra, óptima para el desarrollo de las nuevas plántulas, y lugar idóneo para una importante variedad de hongos, fauna o flora, sobre todo si son bosques de cierta antigüedad.

Su tronco grisáceo, se eleva recto hacia el cielo sin ramas en su parte inferior, cuando los árboles están muy juntos. Pero si se deja al haya espacio suficiente, se expande horizontalmente, creando una magnifica dehesa a su alrededor, donde se desarrollan gran cantidad de hayucos.

Precisamente es el hayuco su fruto, compuesto de un caparazón ligeramente espinoso que protege la semilla, de tres lados, en su interior, al madurar, el caparazón se abre y libera la semilla. El haya no genera hayucos anualmente, sino que puede pasar varios años sin dar fruto, sin tener una pauta concreta, hay especialistas que afirman que esto se debe a una estrategia del árbol para evitar depredadores y asegurar, así, el desarrollo de las plántulas. Cuando no genera fruto, las masculinas no salen, y las femeninas lo hacen de forma estéril.

UN POCO DE HISTORIA

Árbol originario de las zonas templadas del hemisferio norte, colonizó áreas de Europa tras la última glaciación. En nuestra tierra, y sus alrededores, las hayas se documentan ya desde unos 8.000 años, allá por el Mesolítico, pero pudo haberlas de manera más aislada ya en el Paleolítico., en diversos yacimientos como cuevas o dólmenes se han hallado restos de madera, e incluso de polen de haya. Hace unos 5.000 años, ya contábamos con destacadas masas de hayedos en nuestra zona.

LOS USOS DEL HAYA

Los frutos se han consumido en zonas del norte peninsular, tal cual, o bien asados en sartén o al fuego, si bien, no se debe abusar por tener ciertas sustancias nocivas. Son también un preciado alimento para diferentes especies fáusticas, y de las piaras de cerdos. Se han hecho aceites de hayuco, o una especie de tortas, así como algo parecido al café.

Las hojas, también se han consumido, aportando gran cantidad de vitaminas, pero también tienen unos alcaloides un tanto alucinógenos.

La madera se usó en ebanistería, y como combustible para el fuego, así mismo, se utilizó en muchas zonas de nuestra tierra para hacer carbón, trasmochando el árbol. 

La ceniza es un buen desinfectante y se usó para hacer jabón  lavar la ropa.

EL HAYA EN LA TRADICION

Es un árbol profundamente vinculado a varias deidades de la mitología de diferentes culturas, así en la tradición celta, Fagus era el dios tutelar de las hayas, en la vertiente norte de los Pirineos, concretamente en la zona de Comminges, se localizaron unas serie de aras votivas, con grabados dedicados al dios Fagus, de origen galo-romano. En esta mitología, el haya era considerado el árbol de la elocuencia y la palabra, por lo que se pensaba que era una interlocutor para comunicase con los antepasados. De hecho, era tradición colocar figuritas en su base que representaría a los ancestros. 

Para los romanos, se relacionaba con Júpiter, principal dios de su olimpo mitológico, además, se veía en el haya una personificación de Diana, la diosa de la caza y protectora de la naturaleza. Los griegos la vinculaban con Atenea, diosa de la guerra. 

Los galos ejecutaban a sus enemigos, como sacrificio en un haya ubicada en el monte Anis, consagrado a la diosa de la guerrea Andrasta, la sangre de los prisioneros regaba la Madre Tierra.

En la vieja cultura de las montañas de nuestra tierra, tenemos varios ejemplos en los que el haya adquiere un carácter sagrado, un ejemplo es el paraje conocido como Pagobedeinkatua, ubicado en el monte Pagolamendi de Bergara, donde anualmente acudía el cura de la localidad a bendecir los campos, momento en que las gentes colocaban cruces sobre el árbol, en una interesante simbiosis de cultos. En la sierra de Irukurutzeta, en Soraluze, encontramos un dolmen sobre el lugar llamado Pagobedeinkatua. O la conocida leyenda de Pagomari en la sierra de Aralar, donde cuenta la tradición que un rayo mató a una joven, curiosamente llamada Mari, y a un seminarista que se había enamorado de ella.

Uno de los genios mitológicos vascos, más vinculados a los hayedos es Basajaun y su reflejo femenino Basandere. Posiblemente sea este mito una herencia directa de los antiquísimos cultos a los árboles y al bosque, que con el tiempo adquirió forma más reconocible. Basajaun es un ser sobrecogedor, de tamaño enorme, con el cuerpo cubierto de pelo, y una de sus patas de vacuno, sin embargo su carácter generalmente es benévolo, pues protege a los rebaños, avisando al pastor de la presencia del lobo. Un lugar íntimamente vinculado a Basajaun son los magnéticos y enigmáticos hayedos de Iratí, donde se cuenta la siguiente leyenda recopilada por Barandiaran:

“Cuentan que Basajaun vivía junto con su mujer Basandere, en la cueva de Galharbeko-potxa, ubicada en la selva de Irati. Basajaun había robado un candelabro precioso que se le había antojado a su esposa. Un día caminaba por el bosque un muchacho del caserío Lohibarria situado en la localidad de Mendibe, cuando acertó a pasar junto al antro de los genios. En la entrada de la caverna, Basandere peinaba sus cabellos, junto al candelabro al que había sacado brillo recientemente. El chico robó el objeto y salió corriendo, perseguido por Basandere. Basajaun que se encontraba en lo alto del monte oyó lo que ocurría y se lanzó también a perseguir al joven. Los númenes iban a dar alcance al pastor, justo cuando llegaba a la ermita de Salbatore de Mendibe, y este gritó:

– Jondoni Salbatore, zuretzat nuen. Othoi urrikal zakizkit (Señor San Salvador, lo tenía para usted; por favor tenga piedad de mí).

Inmediatamente la campana del templo comenzó a sonar, y los genios tuvieron que detenerse. Basajaun dijo al joven:

– Te ha valido esa campana, pero cuando te pille en ayunas lo pagarás.

Transcurrido algún tiempo, el pastor caminaba por el bosque y se topó con Basajaun, recordó entonces que se hallaba en ayunas. Rápidamente metió la mano en le bolsillo y cogió unos granos de trigo que llevaba, se los tragó y el genio desapareció”.

El pueblo alavés de Faido, posible nombre derivado de Fagus, se encuentra rodeado de hayedos, pues bien, en la ermita de Nuestra Señora de la Peña, ubicada en el mismo, hay una pintura con forma arbórea, de complicada datación, que pudiera tratarse de un haya según los expertos.

Una leyenda pirenaica nos cuenta como Jesucristo convirtió en oso a un hombre que blasfemaba, dándole la opción de subirse a todos los árboles, excepto al haya, el oso intentó derribarla, pero sin éxito.

Una vieja leyenda recogida por Resurrección maría de Azkue, nos presenta al basajaun defendiendo a las hayas frente a los leñadores, si bien en la narración se ve un intento cristianizador del mito, presentando al genio (antiguas formas de vida) como un ser ingenuo, que es vencido por la inteligencia del hombre (nuevos usos).

En zonas del norte peninsular, se creía que cuando el hayedo generaba una gran cantidad de hayucos, significaba que sería un año con mucha nieve.

En una amplia zona peninsular se conoce la historia de la Vieja del Monte, una especie de genio que habita en el tronco hueco de un haya, y que es benefactor, pero eso ya es otra historia, que desgranaremos pausadamente en estas páginas.

Iñaki Alonso

Iñaki Alonso Administrador / Espeleologia

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