Quién es quién en tierra salvaje

El proyecto que de forma resumida se va a tratar a continuación, debería estar encima de la mesa de TODOS los políticos del país, de muchas fundaciones y organizaciones de ámbito privado, debería estar en el debate científico de la Universidad, en los papers que se publican, en los medios de comunicación y redes sociales, debería estar avanzado su diseño, presupuesto y plan de gestión. En cambio, el estado actual de la idea que se presenta a debate es la opuesta a lo descrito, aunque cuando una ola no artificial nace, no la detiene ni el más salvaje de los huracanes.

El término «resalvajizar» o «resalvajización» no aparece en el diccionario de Euskaltzaindia, ni en el de la RAE o en el de l’Académie Française, sí en cambio en los diccionarios británicos más utilizados desde finales del siglo XX. Como especie nos hemos convertido en seres tan bestiales y salvajes, que necesitamos un tratamiento de resalvajización para corregir errores graves, crisis climática, económica, energética, desigualdad social, crisis sanitaria, de biodiversidad, etc. Que sepamos, somos la única especie consciente de tener la capacidad de provocar nuestra propia destrucción. El eslogan que plantea la resalvajización ante este tremendo panorama es políticamente transversal, transparente y virgen de liderazgos: «se ha terminado el tiempo en el que no hacer nada sea aceptable» propone Kristine Tompkins 2020, empresaria norteamericana de éxito convertida en una activista diferente.

Las contraseñas, las consignas o los lemas que retratan las distintas generaciones suelen cambiar. En los años 70 era aquello de «conocer el pasado, para cambiar el presente y transformar el futuro». El antropólogo y arqueólogo Eudald Carbonell en Elogio al Futuro (Arpa, 2018) afirma que eso ya no tiene sentido, que «si no sabemos qué queremos ser como especie en el futuro, el pasado ya no puede ayudarnos», hay que hacer futuro, es urgente y nos va la vida en ello.

Resalvajizar suena salvaje, una palabra con la que además es muy fácil hacer una ególatra caricatura sarcástica para diluir evidencias, desastres o calamidades. Asimismo, en tiempos de crisis proliferan como medusas vendedores de humo, descubridores de la pólvora, asustaviejas y toda una panoplia de personajes oportunistas que se arriman al sol que más calienta, el dinero, un viejo dios hecho a medida de las élites y con el que de delirio en delirio, conversamos por whatsapp a diario. 

bebedero en Aralar

Un libro de éxito publicado durante la pandemia del covid-19 sobre el cambio climático, un texto con mucha y buena información, no alude en ningún momento a la actual y alarmante extinción de especies y la preocupante disminución de biodiversidad en muchos lugares de la tierra: disminución de poblaciones de abejas e insectos en general, ranas, aves, gaviotas, ballenas, la extinción del 20% del total de especies en los últimos 100 años, etc. Ni una sola línea sobre este tema, y precisamente la resalvajización trata sobre esto, devolver a la Tierra y al Mar al menos parte de lo que le hemos sistemáticamente sustraído durante demasiado tiempo, restablecer miles y miles y miles de redes tróficas interrumpidas por nuestra ignorancia, nuestra arrogancia de considerarnos la especie elegida. En ocasiones, cuando escuchamos o leemos, suele ser más importante lo que se nos oculta que lo que se cuenta.

Continúan las menciones y bibliografía de este artículo con «Salvaje. Renaturalizar la tierra, el mar y la vida humana» de George Monbiot (Capitán Swing, 2019), que narra y explica muchos y buenos ejemplos de resalvajización, positivos y negativos. La propuesta de Monbiot es de impecable ética, resulta algo así como «el respirar», un irrenunciable derecho que por definición no es legislable: «toda persona tiene derecho a tener al alcance de su residencia habitual un espacio natural salvaje»

Un espacio natural salvaje es un lugar donde no se caza ni se recolecta, no hay agricultura ni ganadería, ningún tipo de vehículo, ninguna valla ni cercado, ninguna vía de comunicación, ninguna interferencia ni intercambio directo de energía entre el ser humano y la naturaleza, un lugar limpio de todo tipo de contaminación, un lugar que evoluciona y se adapta a las circunstancias sin intervención humana alguna más allá de la mera observación. En un espacio natural salvaje, la soberbia especie Homo sapiens renuncia a su enfermiza obsesión de actuar como jardinero mayor de la Naturaleza, pero con un revisionismo constante de esa nueva realidad sin meta específica.

Igaratza III zutarria, la luz naranja es contaminación lumínica de ciudades y pueblos

En estos últimos 50 años el término resalvajización ha evolucionado hasta formar un corpus de conocimiento científico extenso y prolijo. Las decisiones importantes en el campo de la conservación de la naturaleza no suelen ser las dictadas por la ciencia, sino por la economía o la política. La pandemia del covid-19 nos ha enseñado que ese no es el camino correcto. Veamos un ejemplo real de resalvajización, tampoco es algo tan salvaje.

En Filipinas a 660 km al sureste de Manila y a 9 km de la costa de Negros se encuentra la pequeña isla de Apo, de menos de 1 km2 de superficie y algo más de 700 habitantes dedicados desde siempre a la pesca. A mediados del S XX en todo el archipiélago comenzó el cambio de uso de las artes tradicionales de pesca por otras más agresivas y destructivas, que al esquilmar los caladeros obligaban a los pescadores de Apo a desplazamientos cada vez mayores, para conseguir en cada viaje menos capturas.

En 1979 Angel Alcalá de de la Universidad Siliman en la cercana isla de Negros comenzó a dialogar con los pescadores de Apo y les enseño su santuario marino creado 5 años antes en la deshabitada isla Sumilon a 41 km al noreste de Apo. Pasaron tres años de conversaciones para que 14 familias aceptaran el reto de Alcalá, pero con oposición neutral de la mayor parte de la población. Se prohibió la pesca en 450 m de playa y sus 500 m mar adentro, «perjudicando» de esta forma lo menos posible a los que se posicionaron en contra.

En poco más de dos años, aparecieron en el área vedada especies que hacía mucho tiempo no se dejaban ver, el arrecife de corales también había mejorado, pero lo más sorprendente fue comprobar que la pesca había aumentado considerablemente fuera de la zona acotada. A partir de ese momento todos los habitantes de Apo se unen en un proyecto que se ocupará de acotar más espacios vedados a la pesca, renunciar a las artes de pesca destructivas, habilitar zonas para la pesca con acceso exclusivo a residentes y áreas e infraestructuras para el turismo de naturaleza y buceo, en el que hoy la isla de Apo es un referente mundial.

Por ignorancia podría dar la sensación que resalvajizar un territorio es una cosa rara, un capricho del que se ocupan unos ecologistas visionarios que viven acomodados en la ciudad y desconocen la realidad y el día a día de lo que sucede en el campo o la montaña. Hay cientos de ejemplos de resalvajización, Yellowstone y la introducción del lobo, Este de Europa y la recuperación del buitre leonado, y si eres aficionado a los documentales, habrás visto otros muchos ejemplos de resalvajización camuflados a veces con otro nombre.

Milvus milvus, miru gorria, milano real, Aralar

La Red Natura 2000 es un programa de conservación de la naturaleza que ha tenido un importante impacto en el mundo educativo, pero que se muestra inoperante en la estimulación de la biodiversidad e incapaz de detener la por ahora implacable extinción de especies. 

¿Cuánto territorio debe ocupar un espacio natural salvaje? Cada lugar es diferente y también la planificación de resalvajización, si bien se podría considerar medida estándar aquella que un ser humano puede atravesar a pie durante un día. Esto nos lleva a que un espacio ideal salvaje mínimo, debiera medir unos 200 km2, algo menos de lo que ocupa la sierra del Aralar.

En esta Euskal-Herria de 2 países y 7 provincias disponemos de poco más de 20.000 km2, por lo que en un estado avanzado de resalvajización necesitaríamos sólo el 0.97% del territorio para apurar un proyecto. Nuestro espacio salvaje, a través de corredores ecológicos de verdad y no de juguete, se comunicarán con los de las comunidades aledañas, lo que supone un sueño imposible para los gestores de la Red Natura 2000. Aunque, si somos incapaces de donar el 0,7% del PIB para ayudar a países en vías de desarrollo, ¿seríamos tan generosos de hacerlo con el 1% del territorio para resalvajizarlo?

El greenwashing (la lavadora verde) es una práctica de marketing que crea una imagen ilusoria e hipócrita de responsabilidad ecológica y los que en este país la practican a diario sin vergüenza alguna se opondrán a una donación tan «generosa». También se opondrán los que machaconamente insisten que en tiempos de crisis la investigación aplicada debe imponerse a la básica y evidentemente, en una sociedad en la que la conservación de la naturaleza está adulterada por muchos y diversos lobbies que sudan bitcoins, la obstrucción sistemática de cualquier proyecto de resalvajización es parte del guión. Este tipo de proyectos desde su inicio debe sin duda contar con la decidida y convencida colaboración de los autóctonos del lugar.

Igelak, Unako putzua

En Euskal-Herria las políticas de conservación de la naturaleza están tamizadas por las áreas de desarrollo rural, algo parecido a lo que sucede en la costa mediterránea donde la vigilancia y el tratamiento de costas han estado en manos de lobbies del turismo y la construcción. La resalvajización debe llevarse a cabo bajo criterios científicos multidisciplinarios y sin tutelas extrañas.

Construir una charca para ranas, un observatorio para aves, elaborar un alimento ecológico o diseñar una bucólica ruta por el bosque es un parche que no detiene la fuga por el resto del coladero, una vez más la lavadora verde camuflada de buenismo.

A finales de octubre y en noviembre de 2021 se llevará a cabo la Conferencia de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático COP26, una reunión que convoca a miles de participantes. Es probable que suceda lo mismo que la COP21 de París. Hasta el último momento el acuerdo parecía imposible, pero como en las peores crisis de la UE, tras una interminable gaupasa de negociaciones anunciaron con algarabía mediática un pacto de mínimos y todo el mundo contento. Hoy, en cuanto a biodiversidad y extinción de especies, estamos peor que en 2015.
En este país cumplimos a regañadientes, a veces con retraso y engañifa, las directrices de obligado cumplimiento de la Unión Europea respecto a la protección de la naturaleza y cuidado del medio ambiente. Para iniciar un proyecto de resalvajización no es necesario el permiso de Bruselas ni el del vecino del quinto, hay que construir futuro, se ha terminado el tiempo en el que no hacer nada sea aceptable.

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