SAN MIGUEL DE ARALAR. El SANTUARIO DE LA MONTAÑA

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SAN MIGUEL IN EXCELSIS

En una planicie acurrucado bajo el monte Artxueta, y abierto a la inmensidad del valle del Arakil, se eleva, misterioso, un bello templo que atesora una dilatada historia, antigua como el tiempo. Un templo, referencia en la cultura montañera y tradicional de la vieja tierra de los vascos, que guarda una de las leyendas más conocidas de nuestra arcaica mitología. Pero también un templo íntimo, uno de esos parajes que uno lleva guardado en el alma, justo donde más calor hace, vinculado a mi esencia de forma indeleble y maravillosa.

San Miguel de Aralar, se levanta altivo, orgulloso en una planicie de la montaña, llamada antiguamente “Mons Excelsus” y “Excelsitas”, es por ello que al santuario se le conozca como San Miguel in Excelsis. Un fabuloso balcón que acoge la ermita, eternamente vigilada por su vecino el monte Beriain, que se abre frente a él, mostrándonos su soberbia cara, como queriendo proteger la esencia, la particularidad, el encanto telúrico, los misterios del templo de Aralar.

EL SANTUARIO RECORTÁNDOSE SOBRE EL BERIAIN

UN POCO DE HISTORIA,…

Debemos remontarnos muy atrás en el tiempo, para sumergirnos en la dilatada historia del paraje, ya que este lugar ha llamado la atención de nuestros ancestros desde tiempos inmemoriales, mucho antes de que se edificara el primer templo cristiano, origen de la actual ermita. Quienes nos precedieron, no fueron ajenos a esa magia, a esa atávica energía que se respira en este lugar, y parece ser, según diversos estudios, que allí debieron ubicar un antiquísimo lugar de culto. Primero, posiblemente, se coloca un dolmen, para luego construir sobre el monumento megalítico un templo cristiano que fue evolucionando hasta llegar al hermoso templo románico que podemos admirar hoy en día.

El paraje donde se asienta el santuario, presenta una forma de ara, de altar, sobre todo si se la observa desde el Sur. Pues bien, este ara, pudo contar con un altar votivo primigenio, el “Ara Coeli”, dedicado a una divinidad guardiana de los caminos y habitantes del valle, algo muy común en determinadas cumbres durante la romanización. Hay especialistas que dicen que el nombre de la sierra pudiera derivar de este “Ara Coeli”, si bien otra teoría lo vincula al termino eusquérico “larre”, (pasto), quien sabe, misterios de nuestras montañas. Lo que si está más claro es que la ruta que discurre bajo los pies del santuario de Aralar, por el valle del Arakil, fue desde antiguo una importantísima “autopista”, por la que circularon pastores neolíticos, migraciones europeas, legiones romanas, peregrinos, y gentes de todo tipo, hasta nuestros días. Una tesis defendida por grandes estudiosos de la materia, nos dice que pudo haber una relación entre el Ara Coeli (el Araceli, Aracelium, Aracillum de los geógrafos romanos), y sus habitantes (los Aracelitani), con Arakil (Arakoeli, Arakoeill, Araquil).

La llegada del cristianismo a estas tierras, trajo consigo la intención de atraer hacia la nueva religión a los habitantes de las mismas. Era común, por ello, que se edificaran templos cristianos en antiguos lugares de cultos ancestrales, y posiblemente, este sea el origen de la construcción del primigenio templo de Aralar. Las excavaciones llevadas  a cabo en el interior del templo, revelan la existencia de una iglesia carolingia, allá por el siglo IX. Esta sería una ermita de una nave con un porche, sobre la que se ubicaría una capilla con acceso mediante una escalera de caracol. Esta iglesia se destruiría por alguna razón que se desconoce, si bien los arqueólogos sospechan que pudiera ser en alguna razzia musulmana o incluso en un incendio. Posteriormente se reconstruiría el templo, que comienza a ser citado en los escritos hacia el año 1032. Hacia el siglo XII, se continúa completando el templo, y más tarde se construye la característica capilla interior, que al parecer se edificó para que los monjes pudieran orar tranquilos, debido a la gran afluencia de peregrinos que se daba en la época. La capilla, mantiene la orientación de la iglesia, con la cabecera hacia el Este.

El templo actual consta de tres naves, la central, donde se levanta la capilla, es más alta, y la cabecera está formada por tres ábsides.

Pero además de toda esta dilatada historia, el templo acoge en su interior, dos grandes joyas de nuestra cultura, la imagen del Arcángel San Miguel, y el retablo esmaltado de Santa María.

LA IMAGEN DEL “AINGERU”

La imagen del Arcángel San Miguel, que se guarda en el templo de Aralar, esta realizada en madera de ciprés rojo proveniente de Palestina y fechado en el s.I., con posterioridad, se revistió de plata en 1756. La figura, representa al Arcángel alado sosteniendo sobre la cabeza una cruz, símbolo de la victoria de Cristo, y que es algo bastante inusual en la iconografía de este santo, que generalmente aparece lanceando a un dragón. En el interior de la imagen, se guardan los restos de la anterior, así como un “Lignum Crucis”, o reliquia de la cruz de Cristo.

EL AINGERU DE ARALAR

EL RETABLO ESMALTADO DE SANTA MARÍA

Otra de las joyas del templo es el precioso retablo esmaltado de Santa María, joya de la esmaltería medieval europea, y que se ve en el presbiterio. Su origen no está claro, hay autores que lo sitúan en el año 1028, se compone de 37 esmaltes, siendo el central la Virgen con el Niño, rodeada por un óvalo. También aparecen los símbolos de los cuatro evangelistas, y 12 arcos con personajes donde se puede ver los Reyes Magos o 6 Apóstoles, entre otros. En 1979, el famoso ladrón Erik el Belga, robo varios de los esmaltes, que han sido recuperados casi totalmente.

EL RETABLO DE SANTA MARÍA

…Y VIEJOS MITOS, CREENCIAS Y COSTUMBRES

San Miguel de Aralar, es además uno de esos grandes lugares de referencia para nuestra vieja mitología, un lugar que atesora leyendas, tradiciones, costumbres, en definitiva, herencias de un mundo que fue, y que se nos escapa rápidamente, como el agua entre los dedos. Un mundo, una forma de vivir, de ver y entender el mundo, que debemos conservar y transmitir, con respeto a nuestros hijos.

Quizás la parte más conocida de toda esta cultura ancestral que se acurruca en el atavismo del santuario, sea la leyenda de don Teodosio de Goñi, y que recogiera en Ataun, el imprescindible José Miguel de Barandiaran:

“Bajo en Santuario de San Miguel in Excelsis, en la montaña de Aralar, existe una sima, en la que, cuentan vivió un dragón. Solía bajar a los pueblos cercanos causando auténticos estragos, por lo que los vecinos de las aldeas, decidieron mandar a su cueva a una persona diariamente para aplacar su furia. Se realizaba a sorteo, un día le tocó a una joven acudir a la caverna a ser devorada por el herensuge. Se hallaba a la espera en la boca del antro, cuando apareció por allí, don Teodosio de Goñi.

Este caballero navarro, del valle de Goñi, cumplía penitencia por haber asesinado a sus padres. Y es que, a su regreso de las cruzadas, el diablo se le presentó disfrazado, diciéndole que su mujer, Constanza de Butrón, le era infiel, y que, en ese preciso momento, yacía con su amante en su alcoba. La realidad era que la dama, había invitado a sus suegros a vivir en su casa, mientras Teodosio estuviera fuera, cediéndoles su propio dormitorio, y eran ellos quienes descansaban en la cama. El caballero ciego de ira, mató a sus padres creyendo que eran su esposa y su amante, salió al exterior y cuál fue su sorpresa al ver a Constanza correr hacia él para abrazarlo. La dama explicó lo acontecido, y Teodosio acudió al párroco y al obispo de Pamplona, quien lo envió a Roma a ver al Papa. Este le impuso una condena, de vivir fuera de toda población, arrastrando una gruesa cadena al cuello y cintura, y acarreando una cruz de madera. Su pecado se perdonaría en el momento en que la cadena se rompiese por sí misma.

Teodosio se acercó a la joven que esperaba en la boca de la caverna, tras contarle, ésta lo que sucedía, el caballero le dijo que regresará al pueblo pues él ocuparía su lugar. Salió herensuge, y Teodosio se encomendó al Arcángel San Miguel:

  • San Miguel, Ayúdame.

Dicen que entonces se oyó en el cielo:

-San Miguel, te llaman del mundo.

– Señor, yo no iré sin ti, contestó el Arcángel.

Y llevando a Dios (Crucifijo) sobre su cabeza, posó sus pies sobre el dragón cortándole el cuello, y la cadena de Teodosio.

El caballero en agradecimiento edificó el templo en el que aún hoy pueden verse las cadenas y un hueco que comunica con la sima”.

LAS CADENAS DE DON TEODOSIO
INTERIOR DE LA CAPILLA DONDE SE OBSERVA EL MÍTICO HUECO A LA DERECHA

Allí permanecen inmutables las cadenas de la leyenda y el hueco de la sima, no dejes pasar la ocasión, amigo lector, de rememorar el viejo ritual de pasarte las cadenas por encima tres veces, para evitar el reuma, o el de meter la cabeza en el hueco del muro, con el que se evitan los dolores de cabeza, si reza un credo mientras se hace la operación, estarás tocando con tus dedos, la vieja tradición de la montaña.

Esta es la forma en que nuestra vieja mitología nos cuenta el origen del templo, alejada quizás de la razón científica, pero sin duda mucho más imaginativa,…

En el templo, además, hubo una curiosa costumbre, vinculada con la fertilidad, pero también con el ancestral culto a las piedras, algo muy común entre las culturas antiguas. Y es que, al Santuario, subían matrimonios que querían tener hijos, allí había una piedra sobre la que se colocaba la mujer que quería tener descendencia y sentada en ella oía una misa, bajo la creencia que con esta acción se quedaría embarazada. Una tradición, una creencia, que se une a los antiquísimos rituales de fertilidad vinculados tanto a piedras como al agua.

No termina aquí el culto pétreo en el santuario, ya que era costumbre, que subieran romeros hasta el Santuario de Aralar, llevando cantos rodados y que colocaban en los muros del templo. Esta costumbre también se daba en otras iglesias como la de Urkiola o Arantzazu, y que está vinculada a un antigua culto, en forma de ofrenda a la diosa Mari, o lo que es lo mismo a la Ama Lurra, la Madre Tierra.

Otra de las costumbres profundamente arraigadas a San Miguel de Aralar, es la de las “visitas” del santo a diferentes localidades navarras, en concreto son 320 localidades e instituciones navarras, las que el “Aingeru” visita. El origen de la tradición nos lleva hasta 1127, cuando la imagen acudió a la fiesta de dedicación de la Catedral de Santa María de Pamplona. En el mes de agosto, tiene lugar una bellísima romería en el sobrecogedor paraje de Igaratza, cuando el Aingeru acude a la ermita que hay en este lugar, en la única vez al año que la imagen entra en territorio gipuzkoana. Muchos montañeros acuden caminando mientras acompañan al Arcángel desde la desaparecida Casa del Guarda, la añorada Guardaetxe.

Es tradición, también presentar a los niños al Arcángel, para que les proteja durante su vida.

Al santuario, acuden numerosos montañeros el domingo anterior a Navidad, a celebrar el Día de los Montañeros, con una misa y una preciosa caminata por los hechizantes bosques de la sierra.

LA IMAGEN DEL AINGERU CAMINO DE IGARATZA

Mitos, tradiciones, montaña, historia, historias, belleza,…Todo esto y mucho más es el viejo santuario de la montaña, acudir a conocerlo, caminando, corriendo, en bici, en coche, como cada uno quiera, pero acudir, disfrutar de sus encantos, de su magia atávica, magnetismo inexplicable, disfrutar de la radical belleza de su esencia.

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