UN RELATO SOBRE LA VIEJA DEL MONTE

VIEJA HAYA EN LEITZALARREA

Crash, crash, crash, la hojarasca crujía bajo las abarcas de cuero del carbonero, avanzaba por el hayedo con seguridad, con la seguridad de quien ha pisado esos viejos senderos de montaña una y mil veces. Caminaba ligero, subiendo por el bosque con una facilidad envidiable, no acorde con sus años. El hacha al hombro y el zurrón colgado del cuello, eran el escaso equipaje que acarreaba, como si fueran un apéndice más de su cuerpo. Nada de lo que ocurría a su alrededor parecía llamarle la atención, nada en aquel bosque de verdes recién nacidos, le desviaba de su caminar imparable. Llegó al punto que había elegido para comenzar su tarea, un claro en el bosque donde construiría su carbonera.

  • ¡Si este es un buen lugar! – pensó para sí.
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Comenzó su tarea sin prisa, pero de forma constante, como casi todo en la vida de aquel carbonero, de forma pausada pero imparable. Aquella mañana recopilaría toda la leña de las hayas que pudiera, para al día siguiente, comenzar con la construcción de la carbonera. Eligió una hermosa haya que se levantaba en una esquina, con unas hermosas ramas, que comenzó a talar. El carbonero, realizaba su tarea con precisión, sin saber que era el heredero de una antigua forma de aprovechamiento del bosque.

  • Talaré estas dos ramas y aquellas dos de esa otra haya, y de aquella, quizás tres, bueno iremos viendo – se dijo.

De esta forma evitaba talar el árbol en su totalidad.

PASO DE BAIARRATE, ARALAR

A media mañana, ya había talado un buen número de ramas de las hayas, que iba apilando en la zona central del calro, para su carbonera. Y de pronto se topó con ella,… una vieja haya hueca que de alguna forma parecía mirarle directamente a los ojos. Un escalofrío recorrió todo el cuerpo de aquel curtido carbonero. Cogió el hacha para asestar el golpe a una de las ramas, pero se detuvo.

  • Que pasa – se preguntó-.  No puedo dar el hachazo, me estoy volviendo loco

Aquella vieja haya seguía mirándole desde lo más profundo de su atávica esencia. Tomo de nuevo el hacha

  • Voy a dejarme de tonterías, es un árbol como otro cualquiera, debo seguir.

Pero nuevamente, en el momento preciso de cortar la rama, algo, se lo impedía, no, no era ninguna fuerza inexplicable que le detuviera. No, era algo en su interior, en su curtida alma de hombre curtido, le impedía asestar el hachazo a aquel árbol especial. Un algo inexplicable hacía ver a aquella haya como algo diferente.

  • Debo de estar volviéndome loco – pensó

Pero desistió, dejo el hacha junto al tronco y se sentó recostándose junto al árbol.

  • Quizás si descanso un poco,…
HAYEDO DE OTZARRETA, GORBEA

De pronto algo le sujetó dulcemente por el hombro. El carbonero dio un respingo y se giró.

  • No puede ser, eres real, es imposible, tan solo eres una leyenda

Una anciana con sus cabellos cubiertos de hojas y de hayucos, le miraba sonriente.

  • No, carbonero, no somos simples leyendas, somos los seres del bosque. Y yo sé que no eres capaz de cortar ni una solo rama de mi árbol, porque es mi morada.
  • Eres un cuento, pero esa historia me la han contado mis padres, mis abuelos, al calor de la lumbre, eres solo un viejo cuento, que yo he contado cientos de veces a mis hijos – le dijo a la anciana-.
  • Pues ya ves, carbonero, somos totalmente reales, – le susurró mientras sonreía ampliamente.

La anciana, se acercó a su zurrón y dejo algo en su interior

  • Cuando llegues a tu hogar dáselo a tus hijos, les harás profundamente felices. – dijo la anciana-.
  • Sé que tan solo es un mendrugo de pan,  – replicó el carbonero- como dicen los viejos cuentos.

La anciana sonrió

  • No carbonero, no solo es un mendrugo de pan, es la sabiduría del bosque.

Y desapareció en forma de niebla en la espesura del bosque.

HAYEDO DE ARALAR

Esta pequeña historia está inspirada en una antigua creencia conocida en toda la cornisa cantábrica, llamada la Vieja del Monte, y que nos cuenta como los hombres que trabajaban en el bosque, dejaban de su propio almuerzo un trozo de pan en el zurrón. Cuando regresaban a casa se lo daban a los niños, para los que era un tesoro, pues les decían que lo había dejado allí la Vieja del Monte, un espíritu benéfico del bosque que vive en el tronco hueco de un haya, simplemente era una forma de explicar la magia cobijadora del bosque.

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